Cómo sopla el Serpentino cuando no canta el gallo, una novela de Vanesa Guerra. Editorial Bajo La Luna 2012 BsAs Reseñas, dibujos, fragmentos, críticas
miércoles, 16 de julio de 2014
Don Espil
" Espíl tenía sus ideas, a veces daban vueltas como los molinos, a veces se desmolinaban y giraban locas por los aires poniendo en peligro el cuello del azar"
pág 31. Cómo sopla el Serpentino cuando no canta el gallo. Vanesa Guerra. Editorial Bajo La Luna 2012.Buenos Aires. Argentina
Dibujo Gustavo Mingorance (lápiz – stickers)
El pueblo ventoso que no figura en ningún mapa por Juliana Corbelli
El pueblo ventoso que no figura en ningún mapa
Cómo sopla el Serpentino cuando no canta el gallo es la última novela de Vanesa Guerra. En ella, el pueblo casi fantasmal de Ánima Bendita, azotado por el viento, alcanza el rango de protagonista.
Juliana Corbelli
vanesa guerra foto mariela cirer lesta 2012
Hebe Uhart imprimió crónicas de viajes que atravesaron por tierra los límites de la oralidad y logró que aquellos relatos anduvieran por los pueblos chicos. Las narraciones hablan de lo que no existe. Cómo sopla el Serpentino cuando no canta el gallo, el último libro publicado de Vanesa Guerra, es una novela donde el viaje se asume como imposibilidad de desierto: el corte de caminos, la falsa laguna, el tren que no pasa. Pero sus personajes más que hablar desde la nostalgia, mastican enojos, se dictaminan, se reclaman y arman sus imágenes conjeturales. A peligro de olvido y alrededor del metódico Don Francisco, el pueblo durante ciertas noches se reúne en la biblioteca a discutir la historia que carece. En este sentido, desde la falta y la necesidad, las conversaciones rematan la supervivencia de los que ahí todavía quedan. "En este pueblo hace mucho tiempo que nadie anota nada."
Ánima Bendita es un pueblo de mapa falso. Un mapa sin realidad pero con viento. Ventanas cerradas, cinco esquinas que convergen en un monolito, vías de tren ausente con carteles fijados junto a los rieles, conforman los escenarios donde el viento se detiene, se levanta o se aplaca. Pero como los puntos cardinales están trastocados, la apuesta narrativa de su autora gira en salir de la ciencia de la atmósfera del Serpentino con un norte verdadero y hacer de ella un estar de la existencia. Wilson, Doña Aurora, Don Mateo, Ramono afinan las voces confirmando que el Serpentino aulló el acechante estar de todos y así volverá a ser: "…el Serpentino se aleja. Engaña. Siempre lo hace: deja una calma agobiante de espera y alteración. Todos aguardan, se instalan en una quietud insoportable ¿qué habrá hecho con el maíz, con los tomates, con las ovejas, con la gente? ¿Cuándo salir? ¿Qué podrá verse en las tinieblas de polvo que aún no descansa sobre la tierra?". El Serpentino en estas páginas provoca situaciones de ser y estar, por lo que la narración de Guerra integra una cartografía del viento en problemáticas existenciales.
Una consecuencia se manifiesta en la condición del título definitorio de la novela. Si el Serpentino le imprime al pueblo una sensación de infinito de la miniatura humana, el gallo de Juan Rosario le canta el camino de la incomprensión: "¿No entendés lo que canta el gallo?", "vaya a saber qué sabe este gallo picotero". Y esa voz quebrada que es el gallo hilará los diferentes tonos estéticos del conjunto de las voces del libro. Se hallará un destino entre conversaciones de almacén, actas, payadas, signos y remates poéticos. Ese será su original cruce de caminos. «
"Quiero leer lo que usted lee" cartel> Gustavo Mingorance 2012
Cuando el pueblo es el mundo; reseña Pablo Debussy, Diario Perfil, Suplemento de Cultura
Cuando el pueblo es el mundo
Pablo Debussy
Diario Perfil/ suplemento de Cultura
Uno de los epígrafes que abre la novela de Vanesa Guerra
(Buenos Aires, 1965) pertenece a Radiografía de la Pampa de Ezequiel Martínez Estrada:
“Desde el tren toda esa verdad parece un juego de palabras, hay que verla con
los ojos del que se queda cuando el tren se va”. Esos ojos que permanecen cuando
el tren ya ha partido, son capaces de observar un territorio con el asombro
propio del primer acercamiento. Esa mirada nueva y distinta que desarticula los
espacios cotidianos y a la vez los refunda, es la mirada que persigue (y
alcanza) el libro. Cómo sopla el Serpentino cuando no canta el gallo, se
sumerge en la sintonía de la vida pueblerina, con sus rumores, sus chismes, sus
verdades contradictorias, y lo hace a partir de un lenguaje cruzado tanto por
la narrativa como por la poesía que logra en esa mezcla la intensificación de
la percepción. La novela va construyendo con sutileza un territorio literario
palpable, hecho de sucesos pequeños íntimos y profundos, que en ocasiones se
vinculan con las leyendas o con la magia: “un vagón vacío rotos llovió del
cielo como recuerdo de lo que fue esperanza”.
Entre largos párrafos que funden voces y temporalidades
diferentes, que aúnan el tiempo pasado con el tiempo presente, y párrafos de
una única oración, la historia rescata un pueblo perdido en el mapa y una
ciudad que se cierne sobre él. “Este pueblo es el mundo, fuera de este mundo no
hay otro”, dice uno de sus habitantes. Sin embargo detrás de esa afirmación se
esconde otra, en forma de interrogante, más oscura y acaso perturbadora: “¿Qué
queda de un pueblo cuando la gente se ha ido? Queda la noche.” Vanesa Guerra
compone una novela llena de tonalidades e imágenes que cautivan. Para atraparlas
tal vez sólo hay que animarse a descender del tren.
reseñado entre diciembre 2012/enero 2013
Diario Perfil Suplemento de Cultura
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